De estación a museo: el nuevo Centro Interpretativo del Valle del Tua

el nuevo Centro Interpretativo del Valle del Tua

En 1880, la apertura de la línea ferroviaria del Duero proporcionó una alternativa al transporte fluvial. Viajeros, pero sobre todo los vinos de Oporto y los productos necesarios para su producción, se beneficiaron de los doscientos kilómetros de vía férrea que unían la frontera española con la ciudad de Oporto. Entre 1988 y 1990, los últimos 28 kilómetros de esta línea y varios tramos de líneas tributarias (incluida la del Tua), considerados insuficientemente rentables, fueron clausurados. En 2008, la explotación de la línea del Tua cesó por completo. La construcción de una presa en el río Tua, aprobada al año siguiente y que obligó a sumergir 16 kilómetros de vía férrea, hizo definitivamente imposible cualquier reutilización del servicio.

La creación del Centro Interpretativo del Valle del Tua (CIVT) formó parte del programa de compensación asociado a la construcción de la presa. Su objetivo es permitir a los visitantes conocer la historia del valle. El CIVT está instalado en dos hangares desactivados de la estación ferroviaria de Tua. El estudio Rosmaninho + Azevedo quiso dar a cada hangar una identidad singular. Las áreas dedicadas a exposiciones fotográficas y el espacio de acogida se instalaron en uno de los hangares, que mantuvo su envolvente de madera, un edificio centenario restaurado “tabla por tabla” y dotado del aislamiento necesario en el interior. Separada por las vías del tren, la segunda parte del CIVT fue renovada de forma más profunda, en consonancia con un programa ambicioso.

El revestimiento en zinc del pabellón concilió dos elecciones casi antagónicas por parte de los arquitectos: la búsqueda de un material que se integrara en el carácter industrial del lugar y, al mismo tiempo, la expresión de una dimensión noble en sintonía con el estatus del Duero como Patrimonio Mundial de la UNESCO. Se instalaron paneles ondulados de cuarzo-zinc en la cubierta y la fachada, reinterpretando los hangares de madera.

La superficie de implantación del edificio fue ampliada de acuerdo con los límites impuestos por la circulación ferroviaria, con el fin de acoger todo el programa. La eliminación de las plataformas laterales permitió la construcción de un muro grueso que integra una cámara de aire. Situada detrás del revestimiento de zinc, esta solución proporciona ventilación natural, minimizando el uso de equipos de aire acondicionado. Esta extensión transversal crea más espacio para las áreas de exposición permanente situadas en la planta baja del segundo hangar. En la planta superior se encuentran el servicio educativo y los espacios de trabajo, en mezzanine.

Con una economía sustancial de medios, la piel de zinc demuestra que es posible transformar completamente un edificio sin desvirtuarlo, cambiar su uso sin traicionar la identidad de un lugar.

Fotografías: Luís Ferreira Alves

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